¡Qué frágil y diminuta es la felicidad!
Grande mientras la deseamos. Poseída
nos preguntamos “¿Y esta es la felicidad?”
En otras ocasiones somos tal vez dichosos y ni siquiera lo sabemos,
cuando esta dicha se ha esfumado, sólo
entonces comprendemos que aquello
era la ventura. Es que la felicidad es
pequeña, escurridiza, frágil.
No pidamos una hora de dicha cuando
la vida nos acuerde un instante, no nos
olvidemos que hay muchas existencias
que carecen de ese instante. Y no
exijamos demasiado porque la dicha es
un cristal, un estado fugaz, una nube
y las nubes no se aquietan nunca. Se
van … se van siempre
… como la dicha.
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